lunes, 17 de junio de 2013

Ruta por San Glorio

Dos años hace que no relataba ninguna salida motera, la verdad es que he salido muy poco y cuando lo he hecho  ha sido por  rutas que ya había comentado.
Espero retomar el placer de recorrer junto con mi querida Marauder los caminos de asfalto que he tenido un tanto abandonados.
Debido al mal tiempo mis compañeros de la Peña Los Rápidos han tenido que posponer en dos ocasiones esta ruta.
Aprovechando que al fin ha salido un estupendo día primaveral, me he propuesto realizar el aplazado itinerario junto con Puri, mi esposa, compañera de fatigas y de aventuras.



Salimos sobre las 9:30 de Reinosa con dirección a Espinilla, giramos la rotonda y tomamos camino a Barruelo de Santullan.



Enseguida nos vienen las primeras rampas, que nos conducirán al límite con la provincia de Palencia, el aire fresco de la mañana y un impoluto cielo azul nos insuflan bríos para llevar a cabo nuestros propósitos.
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Llegados al alto de  Brañosera, no podemos resistirnos a parar y contemplar la vista que se nos ofrece con Barruelo a nuestros pies
Nos dejamos caer por la ladera sobre la que discurre la carretera, atravesamos Brañosera que desprende olor de la mañana y a chimeneas recién encendidas, para a continuación adentrarnos en el impresionante bosque de robles con que nos obsequia la bajada.


 Pasamos Barruelo de Santullan y nos dirigimos al cruce Cillamayor, atravesamos sus calles y tomamos camino para Matamorisca desde donde tomaremos dirección a Cervera de Pisuerga.
Siguiendo por las tierras palentinas y llegados a Santibañez de la Peña paramos a echar combustible a la moto, cruzamos la calzada para llegar al Bar que se encuentra frente a la gasolinera donde sabemos por experiencia que preparan un buen café.
Después de esta parada técnica, continuamos nuestro viaje y llegados a Guardo descubrimos que estaban celebrando la fiesta de San Antonio de Padua, contemplamos a nuestro paso las barracas, donde los caballitos, coches de choque, circo, etc., nos traen el recuerdo de nuestra nieta y de los tiempos que pasamos con nuestros hijos cuando eran niños.
A nuestro paso por Velilla del río Carrión contemplamos los montones de carbón dispuestos para ser quemados en la térmica, que en esta ocasión extrañamente se encontraba funcionando ya que en los últimos viajes no habíamos visto vestigios de que lo hiciera.
Cruzando la fértil vega de Besande, llegamos a tierras Leonesas y serpenteando accedemos al Puerto de los Picones, donde paramos a contemplar el paisaje.


Me encanta este tramo de carretera que nos queda hasta Boca de Huérgano, es una bajada con numerosas curvas muy cerradas que hacen una delicia el pilotaje.
Echamos un último vistazo al paisaje, contemplamos la carretera por donde tendremos que pasar, hacemos planes para nuestra próxima parada, que acordamos sea en San Glorio.

 Arrancamos la Marauder y nos disponemos a devorar los kilómetros que nos separan de nuestro próximo objetivo.
Bajamos el puerto disfrutando del entramado de curvas, y nos adentramos en el valle que nos conduce a Boca de Huérgano, contemplamos el verdor de los prados y disfrutamos del olor de las flores de las escobas, me encanta el olor de la retama, me recuerda mi juventud cuando andaba junto con mis entrañables amigos por las montañas de Campoo.
Ya en la N-621 vamos dejando atrás todos esos pueblos que llevan la coletilla de la Reina, Villafrea de la Reina, Espejos de la Reina, ,Portillo de la Reina, Llánaves de la Reina y alguno que a buen seguro me dejo, unidos todos ellos por una estrecha y sinuosa carretera esculpida en la dura roca de estas montañas, que nos acerca al alto del puerto.
Se agradece el aire fresco que refrigera nuestro equipo y el motor de nuestra moto, cuando coronando el alto iniciamos la bajada, es un regalo para la vista observar el entorno desde la altura en que nos encontramos.


Llegamos al lugar que nos habíamos marcado para la parada en San Glorio, nos desprendemos de los guantes y cascos, para disfrutar mejor del aire de la montaña y nos sentamos a descansar junto al corzo al que algún desaprensivo envidioso ha robado los cuernos, con toda seguridad para lucirlos él en su mala testa.



La realidad se impone, después del merecido descanso y a pesar de encontrarnos de maravilla en el lugar debemos continuar nuestro periplo y así se lo indico a Puri que se encuentra junto a la moto observando la carretera por la que hemos de bajar.



Nos ponemos en movimiento por la inclinada pendiente, hay que ir atento, se suceden las curvas cerradas que hay que tomar con sumo cuidado. Según vamos bajando notamos el aumento de temperatura que cada vez se hace más molesto bajo las prendas moteras, entre tanto la señora me hace notar los pueblos origen de los apellidos que conocemos, como Dobarganes, Vejo, etc., vamos pasando poblaciones, Bores, La Vega (Liebana), Naroba, Valmeo y al final Potes, ya teníamos ganas de llegar.
En lo que aparcamos la moto vemos un termómetro que marca 31º C ¡al fin! nos podemos quitar el casco, los guantes, abrir la cremallera de la chaqueta y aligerar un poco el calor, con esa misma  idea de refrescar un poco nos dirigimos con indisimulada premura a tomar una cerveza.
Un tanto repuestos con la bendita cerveza, paseamos por la Villa disfrutando de sus intrincadas calles, hacemos alguna compra y nos planteamos seguir nuestro camino.
Nos ponemos en marcha y observando los cerezos cargados de sus frutos rojos, salimos de Potes, nos cruzamos con unos moteros, intercambiamos saludos cuando penetramos en el desfiladero de la Hermida, las curvas se suceden entre las rocas y el río Deva, hasta llegar al pueblo de La Hermida desde donde tomamos el cruce para Puentenansa.


Abandonamos la Hermida, con un calor agotador, pensando en el camino hasta el alto, que se hace como una la pared imposible de vencer.


Ruge nuestra Marauder, esforzando su corazón de hierro, salvando curvas de más 180º, por la escarpada y angosta carretera, tratando de salvar el desnivel hasta la Collada de Hoz.


Llegados a la cumbre comenzamos a notar el aire más fresco que nos viene del Cantábrico aportando un merecido respiro a nuestros cuerpos y al trabajo que viene haciendo nuestra moto.
Decidimos parar un rato, despojarnos de nuestro equipo para mitigar la temperatura y darnos un respiro en el viaje. Entre tanto la señora aprovecha para probar el queso que ha comprado en Potes, esta aprendiz de ratón se empeñará en que no llegue a casa.


El cansancio de los kilómetros andados y el calor, nos van haciendo mella y cada vez  cuesta más subir a la moto, pero puestos en marcha seguimos disfrutando de la bajada y del paisaje, aunque el acompañante a la mínima se refugia el al primera sombra que encuentra.



Nos damos ánimos, sabemos que Puentenansa está nunca mejor dicho a la vuelta de la esquina.
Ya lo tenemos a la vista.


Aquí está, contemplamos al fondo Carmona y la carretera que nos llevará a Cabuérniga, por lo que nos disponemos a devorar los kilómetros que nos quedan hasta el lugar.
Penetramos en el pueblo, pasamos el cruce para Pesues y  las Cuevas del Soplao  y vamos recorriendo el trayecto hacia Carmona, que siempre que lo hago me trae recuerdos de la caída que sufrí de la moto, en la que además de algunas contusiones, de las que todavía guardo recuerdo, me fracturé la falanje del dedo gordo del pie izquierdo. Para malos recuerdos lo mejor es retorcer el acelerador y comenzar la subida al Ribero, pasamos el mirador desde donde se puede observar al fondo Puentenansa y las montañas que hemos superado en nuestro viaje.


Continuamos la subida al alto de la Collada, llegados a este, nos deslizamos carretera abajo, hasta el valle de Cabuerniga.
Continuamos el viaje para andar los aproximados 40 kilómetros que nos separan de Reinosa, vamos dejando atras las poblaciones tan conocidas, Teran, Selores, Renedo, Fresneda, pasamos el cruce para Correpoco y Barcena Mayor, por último Saja y atacamos con alegría la subida hacia el alto de Palombera.
Paro para hacer una fotografía a un haya que me llama la atención.
Este árbol con esa rama retorcida ha tenido que sufrir algún percance que no alcanzo a imaginar, en fin habrá sido por la acción de la naturaleza o por la mano del hombre, en todo caso el lo sabrá pero no me lo va a decir.
La magia del bosque trasmite su sosiego y nos invita a permanecer entre sus árboles centenarios, pero la realidad se impone y lo mejor será continuar antes de que la niebla quiera hacer su presencia por los altos y además de dificultar el pilotaje, nos acarree una buena caladura o nos impida ver algunos de los numerosos excrementos vacunos que ayuden a dar con nuestros cuerpos en el asfalto.
La pasajera espera sonriente junto a la moto, así que arrancamos y vamos a terminar de subir el puerto.


Una vez superado el alto de Palombera, damos vista al valle de Campoo, llenamos la vista con su encanto, hacemos una rápida bajada, nos introducimos en el pueblo de Soto, y llegados a la rotonda de Espinilla, ponemos rumbo a casa, dejamos descansar la Marauder en el garaje hasta la próxima ocasión y un tanto fatigados pero contentos, damos por finalizado este viaje.

jueves, 21 de abril de 2011

Salida Villaverde de Trucios

Día 19 de Abril, los hombres del tiempo anuncian lluvias para la jornada, pero como estaba programado a las nueve de la mañana nos reunimos en el Bar Centro con el fin de iniciar nuestro proyecto de ruta que nos llevará a través de tierras Burgalesas, Vascas y Cántabras.
Después de la correspondiente espera por si hay algún retrasado, arrancamos nuestras máquinas, nos colocamos los cascos, guantes, etc. y con la ilusión reflejada en nuestros rostros, iniciamos el camino.


La mañana está fresca y nos lo hace sentir según vamos bordeando el Pantano del Ebro hasta el cruce para el puerto del Escudo. Dejamos el puerto a nuestra izquierda y dirigimos nuestras rodadas hacia Soncillo. Sin entrar en este pueblo Burgalés abandonamos la carretera N-232 y tomamos el itinerario que nos llevará a Santelices de Valdeporres, población que en su día contaba con la estación del ferrocarril Santander Mediterraneo. En esta localidad y regentando una cafetería nos encontramos a un viejo conocido que en su día administraba el Bar El Candil en Reinosa, saludamos a esta familia y después de tomar una café reiniciamos nuestra ruta, no sin antes perder la compañía de uno de nuestros integrantes que por causas ineludibles debe regresar.
Atravesamos las poblaciones de la Parte de Sotoscueva, Quisicedo y en Espinosa de los Monteros hacemos una parada en espera de un motero despistado que tuvo que dar la vuelta para recoger su mochila que había dejado olvidada en el Bar de Santelices.
De nuevo la cuadrilla al completo, continuamos la andadura, descendemos por el puerto del Cabrio de 740 metros de altitud que cuenta además con buen desnivel y un radar fijo a mitad del camino para que no pases de 90 K/h, así que con las precauciones debidas, continuamos avanzando por este trazado que nos acerca al Valle de Mena.
Tomamos la circunvalación de Villasana y con el río Cadagua como acompañante entramos en territorio de Euskadi  para llegar a Balmaseda.
En esta localidad sufrimos un despiste para atravesarla y después de consultar a un lugareño, lo conseguimos y al fin tomamos rumbo por la carretera BI-630 que nos recibe con cuatro gotas de agua que nos inquietan, mojan la carretera haciendola más peligrosa, pero enseguida desaparecen según vamos acercándonos al Valle de Villaverde.
Este municipio de Villaverde de Trucios tiene la peculiaridad histórica de estar enclavado en una comunidad autónoma que administrativamente, no es la suya. Este valle se lo dieron los señores de Vizcaya a los Avellaneda como premio por su participación en la batalla de  Aljubarrota (Portugal) en 1385.
Uno de sus descendientes Diego de Avellanedas vendió el valle por falta de liquided por 500.000 maravedíes a  a Pedro Fernández de Velasco, Conde de Haro, quien, al repartir el patrimonio entre sus hijos, concedió a Antonio de Velasco el valle de Villaverde, que a su vez se lo pasó a su hermano Pedro de Velasco.
Después de la primera guerra carlista la importante familia Santanderina de los Velasco hizo que este Valle quedara incluido en la actual Comunidad autónoma de Cantabria.
Dejamos este polémico valle y nos llegamos hasta Ramales de la Victoria, población que se hizo famosa por haberse librado en ella una importante batalla en la primera Guerra Carlista, que enfrentó a estos con los liberales mandados por el general Espartero.
Entre los atacantes y los Carlistas en su huida, dejaron completamente destruida la ciudad por lo que de ahí quedó el dicho "Fue más gorda que la de Ramales".
Hasta aquí llegamos nosotros, no para hacerla gorda, sino para descansar un rato, tomar unas cervezas, añadir gasofa y llegada la hora de comer satisfacer nuestro apetito.
Con nuestros estómagos dando muestras de vacío continuamos viaje hacia Arredondo, pensando en parar para comer en alguno de los restaurantes que encontrásemos en la carretera, pero cogimos marcha, nos pasamos algunos y terminamos parando en Arredondo.
Aparcamos al lado de la Iglesia y nos dirigimos a obtener información a los bares del pueblo. En el trayecto nos entretenemos mirando el río observando las maniobras de una trucha que se encontraba dispuesta a comer cuanto mosquito se la acercase.
Preguntamos a una chica que marchaba en su coche y nos recomienda que si vamos hacia Las Alisas, antes de entrar en el puerto nos desviemos a Bustablado que se encuentra a unos tres kilómetros del cruce. Nos informa que allí se encuentran dos restaurantes y que en cualquiera de ellos íbamos a ser bien atendidos, puesto que en ambos se come bien.

Llegados al pueblo, rápidamente aparcamos, y hambrientos nos dirigimos hacia el restaurantes más cercano, entramos a preguntar y tomar unas cervezas (sin alcohol). Nos encontramos con el comedor lleno por lo que se hace necesario esperar, hasta que al fin nos buscan lugar para comer, cosa que hacemos con agrado, la comida está bien y la atención muy buena. La chica que nos atiende además de agradable a la vista es simpática, así que como decía quedamos satisfechos, tanto con la comida como con la atención.
En una mesa adyacente se encontraban comiendo dos señores con conocimientos de la zona, que nos recomiendan que en lugar de continuar por el Puerto de las Alisas lo hagamos por un camino rural que se encuentra asfaltado y que nos pondrá en San Roque de Riomiera por una zona cuyo paisaje es digno de admirar.
Les hacemos caso y con las indicaciones medio aprendidas, arrancamos con la intención de seguir sus indicaciones. Desde este lugar comienza lo más entretenido y costoso de nuestro viaje o nuestra verdadera aventura.
Enseguida comenzamos a subir por una estrecha pero bien asfaltada carretera que cada vez se pone más empinada, las curvas se encuentran con hormigón para que los vehículos agarren y el agua pueda fluir a través de las ranuras hechas en el mismo, pero pasados unos cientos de metros nos damos cuenta que nos hemos equivocado al llegar a una zona donde se terminaba el asfalto y comenzaba una pista, como bueno para tractores.
Damos la vuelta y tras informarnos de nuevo encontramos el camino rural por el que teníamos que transitar e iniciamos de nuevo nuestro itinerario por una subida impresionante, desde la que podemos divisar el pueblo a vista de pájaro y un paisaje imponente.

Embobados con el lugar y atentos al camino que nos lleva por una interminable subida a través de bosques y rocosas montañas hasta la cumbre, donde hacemos una parada para descansar y admirar el paisaje que se observa en el lugar junto al monumento a la vaca pasiega, que ha sido fruto de algún vándalo, que la ha destrozado el morro y los cuernos.


Ensimismados, seguimos contemplando el horizonte desde donde distinguimos el mar y las ciudades costeras mas emblemáticas de esta zona de Cantabria.

El viento nos trae algunas gotas de agua, que nos avisan de la hora de ponerse en marcha ya que no sería muy agradable encontrarnos con un buen chubasco en el lugar. Antes de ponernos en marcha nos hacemos las últimas fotos en el paraje, para recordar el momento.
Iniciamos la bajada y si el ascenso era empinado la inclinación en la bajada no era para menos, además la lluvia que nos precedía no ayudaba al haber mojado la calzada. En algunos tramos a pesar de llevar una velocidad corta y el freno moderado, el suelo se antojaba deslizante y la tensión nerviosa estaba muy alerta.
Divisábamos algunas viviendas en la pendiente lo que nos indicaba que estábamos llegando a lugares habitados pero por eso el desnivel no se suavizaba.
Al final ya observábamos  la carretera que baja del puerto de Lunada y eso nos daba ánimos sabiendo que estábamos llegando al final del interminable descenso de aquel camino rural o lo que fuese.
Nada más terminar la bajada nos encontramos con una cantina a la que nos lanzamos como lobos para tomar una cerveza y descansar un rato, momento que no me resisto plasmar con mi pequeña cámara fotográfica.

Nos llama la atención el interior del local con sus columnas y vigas de madera, sus paredes y sus mesas le dan al recinto un aire de acogedor de casa de pueblo, muy en consonancia con el lugar. Descubrimos también que la parte posterior da acceso a un bonito camping, en el que ya se encuentran establecidas varias tiendas de campaña. No es extraño, pues la buena temperatura del lugar invita a estar en la calle, disfrutando de la misma, cosa que de inmediato hacemos.
Después del descanso se impone seguir la marcha, arrancamos las motos y vamos poniendo rumbo a Liérganes.
La carretera es muy bonita, la lluvia sigue respetando nuestra marcha, la temperatura es muy agradable y nuestra alegre marcha nos va acercando a nuestro destino. Pasamos Rubalcaba y enseguida llegamos a Liérganes desde donde tomamos el cruce para Pámanes, llegados al lugar perdemos a otro de los componentes del grupo que pone rumbo a Santander, los cuatro restantes seguimos nuestro derrotero para completar el trazado inicial, pasamos por Vargas, tomamos en Aes la dirección a los Corrales de Buelna, ya en la N-611 hacemos una parada para repostar en la gasolinera de Arenas de Iguña y con los depósitos llenos y a través de las Hoces de Barcena llegamos al final a nuestro punto de inicio, Reinosa.
Así lo he vivido y de esta manera lo he contado, ahora sólo queda que la peña motera "Los Rápidos" organice otra salida.


 

    

jueves, 7 de abril de 2011

Salida Puerto de San Isidro

Hoy 6 de Abril , las previsiones meteorológicas anuncian buen tiempo y así lo confirma el amanecer, por lo que decidimos darnos un paseo en moto, nos colocamos nuestro equipo y bajamos al garaje en busca de nuestra querida Marauder, allí nos encontramos con mi hermano Javi que ya estaba organizando su salida mañanera. Después de los correspondientes saludos y deseándonos un buen día arrancamos la moto y nos dirigimos hacia tierras de Castilla, aunque no teníamos previsto ninguna ruta en particular, comenzamos a rodar tal vez sea por inercia, hacia Aguilar de Campoo.


Siguiendo nuestro deambular hacemos una parada para tomar un café en Santibañez de la Peña y continuamos hacia Guardo para dirigirnos a Puente Almuhey, en este trayecto el buen firme y las numerosas curvas nos hacen gozar de nuestra máquina y nos llenan de vigor para dirigirnos a Cistierna, en esta localidad atravesamos sus calles que ya demuestran mucha actividad y tomamos la carretera hacia Riaño, para después tomar desvío hacia Sabero, importante pueblo minero donde a nuestro paso vamos contemplando el paisaje dejado por los trabajos en las minas cuando nos dirigimos a Boñar localidad en la que haremos una parada para descansar y decidir sobre la continuación de nuestra ruta.
Entramos en la primera cafetería que encontramos más a mano y pedimos una cerveza sin alcohol y un corto para la copiloto, nos acompañaron la bebida con una tapa de hígado encebollado, que degustamos con satisfacción, mientras hacíamos cabalas sobre la ruta a seguir pues a estas alturas todavía no lo teníamos muy claro, subir para San Isidro y bajar por rutas Asturianas hacia el mar nos asustaba un poco por los kilómetros y las carreteras que no nos iban a permitir desplazarnos con rapidez y tendríamos que utilizar mucho tiempo.
Los jubilados, si algo tenemos es tiempo, así que aprovechando el magnifico y caluroso día, llenamos el depósito de la Mara y nos dirigimos al embalse de Porma , paramos para hacer unas fotos y contemplar el paisaje que se nos ofrece desde el lugar.
Se siente frescura en esta zona, la altitud y las aguas del pantano colaboran para ello y da una sensación placentera encontrase allí, por lo que nos dedicamos a contemplar el precioso lienzo que nos brinda la naturaleza y las obras del hombre.





Nos incorporamos de nuevo a la carretera y bordeando las aguas del pantano, atravesando túneles que nos hacen extremar precauciones puesto que con la luz externa del sol al entrar en ellos la visibilidad se hace prácticamente nula al contraste con la oscuridad a pesar de los esfuerzos del foco de nuestra moto, que no es suficiente para averiguar el estado de la calzada interior, hay incluso alguno que se encuentra en curva, alumbrado por una especie de ventana consistente en un agujero en su pared que permite la entrada de la luz del exterior y que sirve de ayuda para averiguar la dirección de la carretera.
Llegados a Puebla de Lillo, tomamos la dirección del puerto de San Isidro, el paisaje es maravilloso y el día ideal para la moto, nuestra Mara a la que mi pasión motera casi la da condición humana, parece que se encuentra feliz llevándonos encima cuando arremete las rampas más duras del puerto y casi sin enterarnos nos encontramos con la estación invernal de San Isidro.


 Las edificaciones, salvando las distancias, nos recuerdan  a nuestra querida Brañavieja, creo que en todas las estaciones de esquí se asemejan sus edificaciones, es lógico si pensamos que deben de tener ciertas condiciones para paliar los efectos de la nieve en sus estructuras.
Nos impregnamos bien del momento y todavía en la provincia de León, damos nuestros últimos pasos por ella al dirigirnos al alto, donde ya nos dará la bienvenida la comunidad del principado de Asturias.

Pasamos junto al cartel que nos anuncia los 1520 metros de altitud del puerto, e iniciamos la bajada, donde nos cruzamos con unos moteros que venían en dirección opuesta y que estaban a punto de culminar la cumbre que nosotros habíamos dejado atrás.
Continuamos la bajada admirando un paisaje de numerosas cabañas que parecían surgir del verdor de su entorno. Embelesados por lo placentero del lugar casi sin enterarnos la carretera nos lleva hacia el desfiladero que hace factible su paso.


Entre las rocas de estas montañas continuamos nuestro camino por la impresionante bajada que en muy pocos metros nos llevará junto a una central hidroeléctrica que se encuentra aprovechando las aguas del incipiente río que casi adivinamos más que vimos cuando pasamos junto a él al entrar en el desfiladero.








Observamos la tubería por la que se desliza el agua que alimenta la central, pensamos en la obra de ingeniería necesaria para su instalación y el trabajo desarrollado por los obreros que lo realizaron con medios que no son los de la actualidad, en los que como siempre primaría el esfuerzo físico y el tesón de las personas que hicieron posible su construcción.
Proseguimos nuestro viaje, no sin echar una última mirada al camino recorrido, pensando en los esfuerzos del hombre por vencer los obstáculos que la naturaleza pone en su camino, como es el caso del trazado y construcción de la calzada por la que venimos deslizándonos en nuestro periplo ya por tierras asturianas.






Nuestro objetivo ahora es alcanzar Cabañaquinta, cuando lo conseguimos, el calor ya nos venía apretando y encima nos pasamos del cruce unos metros lo que nos hace volver sobre nuestra rodada, para tomar la dirección a Pola de Laviana, iniciamos la subida al alto de La Colladona, importante repecho en el que el calor nos machaca a todos, me entra preocupación por mi querida Marauder, que estará pasando con abnegación sin quejarse, rugiendo alegre su motor, la dureza de la rampa.
Iniciamos la bajada, estamos cansados y busco una sombra aunque sea pequeña para detenernos un rato y liberarnos de la chupa motera que nos protege en posibles caidas pero que en este momento está ayudando al sol a hacernos sudar la gota gorda. Al fin encuentro un lugar y sin dudar paro y dejo a la Mara que descanse y enfríe en la mini sombra que he encontrado.





Reponemos fuerzas y aprovecho para quitar el chaleco a la chaqueta y a las alforjas con él, que están casi vacías.
Seguimos con nuestra tregua a la carretera, disfrutando del lugar y del alivio que nos proporciona la falta de nuestras prendas moteras.



Restaurados y con nuevos bríos, hacemos los últimos kilómetros que nos separan de Pola de Laviana. En  esta población, de nuevo nos pasamos del cruce. Buscamos una sombra y Puri que no había querido quitarse el chaleco de su chaqueta en la parada anterior aprovecha para hacerlo y refrescar al mismo tiempo. Volvemos como hicimos la vez anterior sobre nuestra rodada y ahora si que tomamos el cruce que nos llevará a través de un intricado puerto que parece una pared, que se opone con su desnivel y numerosas curvas a nuestro progreso por la calzada que nos deja en el alto de La Faya de los Lobos de 650 metros. No se si es debido a la fatiga de tantos kilómetros por estas enredadas carreteras del Pricipado pero me parece de los más duro que he pasado.




Seguimos nuestra ruta y no tardamos en llegar a Nava, aquí recibimos una inyección de energía al encontranos con terreno conocido y una buena carretera la Nacional 634, por la que rápidamente llegamos a Arriondas, donde habíamos puesto nuestro objetivo para hacer una parada tomar algo y refrescar del agotador calor que nos viene azotando la mayor parte del día. Aprovechamos para rehidratar nuestros cuerpos y darnos un descanso en esta turística ciudad de la que tenemos buenos recuerdos.






Hacemos conjeturas sobre la ruta a seguir y decidimos acercarnos a la costa pensando que el aire del mar nos refrescará durante la marcha, así que andamos los kilómetros que nos separaban de Ribadesella y comprobamos nuestro acierto al recibir la fresca brisa del mar en nuestros cuerpos.
Continuamos retorciendo el puño a la Mara, hasta llegar a los Tánagos donde nos esperaba una cerveza grande  sin alcohol y las clásicas corbatas de las que dimos buena cuenta.
Con las fuerzas renovadas y en terreno de casa, nos dirigimos a través de San Vicente de la Barquera a Cabezón y Virgen de la Peña, desde donde a través del valle de Ibio, llegamos a Riocorvo y de allí rumbo a casa, donde llegaríamos como siempre a través de las hoces de Bárcena, Santiurde, Cañeda, y nuestro destino Reinosa. Al garaje la Mara y nosotros a la ducha para aliviar en lo posible los efectos de la cabalgada.
Ahora sólo queda pensar en la próxima salida.  

miércoles, 9 de marzo de 2011

SALIDA A POTES

Hoy martes los partes meteorológicos anunciaban buen tiempo, con ganas contenidas hemos venido pasando estos días de invierno pensando en nuestros paseos moteros. Decididamente y aunque sopla viento sur con cierta fuerza, pensamos pasar un buen día soleado por las cotas más bajas, por lo que arrancamos la Marauder, aprovisionamos gasolina (¡Joder Zapatero! lo que nos la has subido) y ponemos rumbo por la autopista a los Corrales de Buelna, tomamos esta opción por que es temprano, se siente todavía la helada y así haremos este pequeño tramo más rápido.

Ver Salida a potes en un mapa más grande

Llegados a Riocorvo, comenzamos el ascenso al alto de San Ciprano, la zigzagueante carretera, la pronunciada subida y el incomparable paraje son un placer para el pilotaje de nuestra máquina que ruge con fuerza y soltura para llevarnos al alto.
Iniciamos la bajada para el valle de Ibio. Cuantas más veces recorro esta zona más me gusta, tanto para pasear en moto como para admirar su paisaje, sus casas y la suavidad de su clima, que comparado con la dureza del Campurriano nos hace envidiar a los vecinos de estos pueblos.  
 Llegados a Virgen de la Peña, ponemos rumbo a Los Tanagos, lugar que se ha convertido para nosotros en parada casi obligatoria para tomar un café, reponer fuerzas y echar un vistazo a las motos que suelen estar aparcadas. Muchos moteros suelen hacer en este lugar sus descansos para como nosotros tomar un refrigerio.

Arrancamos de nuevo la Mara con la que Puri tomaba el sol que ya calentaba y era agradable sentir su calidez en nuestro cuerpo.
Atravesamos Unquera y ponemos trayectoria a Potes dejando el río Deva a nuestra derecha al que vamos a acompañar hasta Panes, donde le espera el río Cares para cederle sus aguas.

Nos adentramos en el desfiladero de la Hermida, aquí el río Deva ya no se desliza placidamente, por el contrario por la angosta garganta del desfiladero sus aguas bravas siguen horadando las rocas calizas que forman las grandes paredes por las que serpentea la carretera.
Seguimos bordeando el río durante los 21 kilómetros del desfiladero por una carretera que se adapta al laberinto que caprichosamente ha venido tallando el río y por la que nos deslizamos admirando la belleza que nos brinda el lugar.
Terminado el desfiladero nos acercamos rápidamente a nuestro destino, las curvas ya se han suavizado y vamos notando la cercanía de nuestro objetivo.
Llegados a Potes que bajo el amparo de los nevados Picos de Europa, invita al refugio y al descanso.

Paseamos por sus calles curioseando los escaparates de sus comercios, disfrutando de su benigno clima, de la calma que transmite el lugar, del paso visitantes, de sus pobladores y en definitiva del folklore que se respira en la localidad.

Descansa entre tanto la Mara, para afrontar con su corazón de hierro la dureza del puerto que nos espera cuando pongamos rumbo a casa. Lo dicho, arrancamos pues la hora apremia y aunque los kilómetros que quedan hasta Reinosa no son muchos, el recorrido parece hacerles más largos, así que con pena nos despedimos de Potes y continuamos nuestra andadura.
Tomamos el desvío para Cervera y enseguida recibimos el aviso de que la calzada se encuentra en obras, esto nos obliga circular con precaución y esquivar los abundantes baches que dificultan nuestro avance.
Llegados a Pesaguero, el firme cambia y el camino se nos hace excelente a pesar de que no tiene señalización lateral, ahora podemos sacar más rendimiento a nuestra máquina y así vamos ascendiendo el puerto que nos empieza a refrescar con la cantidad de nieve que se encuentra acumulada en los alrededores.
Arribamos a la Venta Pepín e interrumpimos nuestra deriva para hacer un descanso y tomar algo en el Bar, que nos recibe con la calidez que proporciona su chimenea en la que se queman unos troncos que chisporretean invitándonos a quedarnos y seguir disfrutando del calor que desprenden, pero hay que seguir nuestro camino, así que después de tomar un vino y despedirnos de la gente que se encontraba en el lugar, partimos para continuar restando los kilómetros que nos quedan para nuestro destino.
El frío se va haciendo más intenso según nos acercamos a la cima, nuestras protecciones comienzan a avisar que van siendo superadas, además el viento intensifica su velocidad y nos castiga con su gélido aliento.
 Nos detenemos en el alto para hacer unas fotos que den una idea de la nieve acumulada y aunque el frío no se puede fotografiar, si podemos ver la expresión de mi querida esposa  y compañera en estas lides, que por el intenso frío  no se atreve  a desprenderse del casco que la protege cuando recoge los guantes que el viento ha llevado de encima de las alforjas en la que las que por costumbre suelo dejar estas prendas.
Un último vistazo al lugar y otra fotografía del paraje, donde en el pasado fotografiamos a nuestros hijos cuando eran niños y en verano contemplaban ensimismados la panorámica que ofrecía el mirador de Piedrasluengas, bien diferente a la que sus padres contemplábamos en ese momento.

Con el frío en nuestros cuerpos partimos hacia Cervera de Pisuerga. Pasamos el pueblo de Piedraluengas y con la esperanza puesta en encontrar mejor climatología en el camino seguimos nuestra deriva ya por tierras castellanas , pasamos San Salvador de Cantamuda y antes de llegar a Vañes nos encontramos con un semáforo que controla el paso del puente que nos hace detener, observo a mi derecha el cruce para Herreruela de Castillería, lugar que me trae recuerdos de mi época de cazador, cuando acudía al lugar, junto con mi hermano Javier y nuestro común amigo Teo con el fin de colgarnos alguna perdiz, que por la dureza del terreno era muy difícil abatirlas.
El semáforo nos da vía libre y me devuelve a la realidad del momento. Continuamos en un ambiente muy frío nuestra marcha, damos vista a Cervera y la temperatura sigue sin templar, por el contrario, nos encontramos a 1.000 metros de altitud, hemos bajado 355 metros y parece que la temperatura es más baja, pasamos el pueblo en el que no se ve un alma por la calle. Vamos a Matamorisca para tomar el cruce para Cillamayor y dirigirnos por Vallejo de Orbó  a Valberzoso. Pasando Olea observamos el termómetro exterior de la cantina que marca nueve grados, comentamos que había templado y animados por la cercanía pero ateridos de frío, bajamos el bardal, contemplamos sus árboles desprovistos de hojas y recorremos los pocos kilómetros que nos separan de Reinosa y llegamos a casa sin más novedad.
Hemos pasado un buen día, con diferentes avatares y nos queda pensar cuando será el próximo recorrido.