Dos años hace que no relataba ninguna salida motera, la verdad es que he salido muy poco y cuando lo he hecho ha sido por rutas que ya había comentado.
Espero retomar el placer de recorrer junto con mi querida Marauder los caminos de asfalto que he tenido un tanto abandonados.
Debido al mal tiempo mis compañeros de la Peña Los Rápidos han tenido que posponer en dos ocasiones esta ruta.
Aprovechando que al fin ha salido un estupendo día primaveral, me he propuesto realizar el aplazado itinerario junto con Puri, mi esposa, compañera de fatigas y de aventuras.
Salimos sobre las 9:30 de Reinosa con dirección a Espinilla, giramos la rotonda y tomamos camino a Barruelo de Santullan.
Enseguida nos vienen las primeras rampas, que nos conducirán al límite con la provincia de Palencia, el aire fresco de la mañana y un impoluto cielo azul nos insuflan bríos para llevar a cabo nuestros propósitos.
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Llegados al alto de Brañosera, no podemos resistirnos a parar y contemplar la vista que se nos ofrece con Barruelo a nuestros pies
Nos dejamos caer por la ladera sobre la que discurre la carretera, atravesamos Brañosera que desprende olor de la mañana y a chimeneas recién encendidas, para a continuación adentrarnos en el impresionante bosque de robles con que nos obsequia la bajada.
Pasamos Barruelo de Santullan y nos dirigimos al cruce Cillamayor, atravesamos sus calles y tomamos camino para Matamorisca desde donde tomaremos dirección a Cervera de Pisuerga.
Siguiendo por las tierras palentinas y llegados a Santibañez de la Peña paramos a echar combustible a la moto, cruzamos la calzada para llegar al Bar que se encuentra frente a la gasolinera donde sabemos por experiencia que preparan un buen café.
Después de esta parada técnica, continuamos nuestro viaje y llegados a Guardo descubrimos que estaban celebrando la fiesta de San Antonio de Padua, contemplamos a nuestro paso las barracas, donde los caballitos, coches de choque, circo, etc., nos traen el recuerdo de nuestra nieta y de los tiempos que pasamos con nuestros hijos cuando eran niños.
A nuestro paso por Velilla del río Carrión contemplamos los montones de carbón dispuestos para ser quemados en la térmica, que en esta ocasión extrañamente se encontraba funcionando ya que en los últimos viajes no habíamos visto vestigios de que lo hiciera.
Cruzando la fértil vega de Besande, llegamos a tierras Leonesas y serpenteando accedemos al Puerto de los Picones, donde paramos a contemplar el paisaje.
Me encanta este tramo de carretera que nos queda hasta Boca de Huérgano, es una bajada con numerosas curvas muy cerradas que hacen una delicia el pilotaje.
Echamos un último vistazo al paisaje, contemplamos la carretera por donde tendremos que pasar, hacemos planes para nuestra próxima parada, que acordamos sea en San Glorio.
Arrancamos la Marauder y nos disponemos a devorar los kilómetros que nos separan de nuestro próximo objetivo.
Bajamos el puerto disfrutando del entramado de curvas, y nos adentramos en el valle que nos conduce a Boca de Huérgano, contemplamos el verdor de los prados y disfrutamos del olor de las flores de las escobas, me encanta el olor de la retama, me recuerda mi juventud cuando andaba junto con mis entrañables amigos por las montañas de Campoo.
Ya en la N-621 vamos dejando atrás todos esos pueblos que llevan la coletilla de la Reina, Villafrea de la Reina, Espejos de la Reina, ,Portillo de la Reina, Llánaves de la Reina y alguno que a buen seguro me dejo, unidos todos ellos por una estrecha y sinuosa carretera esculpida en la dura roca de estas montañas, que nos acerca al alto del puerto.
Se agradece el aire fresco que refrigera nuestro equipo y el motor de nuestra moto, cuando coronando el alto iniciamos la bajada, es un regalo para la vista observar el entorno desde la altura en que nos encontramos.
Llegamos al lugar que nos habíamos marcado para la parada en San Glorio, nos desprendemos de los guantes y cascos, para disfrutar mejor del aire de la montaña y nos sentamos a descansar junto al corzo al que algún desaprensivo envidioso ha robado los cuernos, con toda seguridad para lucirlos él en su mala testa.
La realidad se impone, después del merecido descanso y a pesar de encontrarnos de maravilla en el lugar debemos continuar nuestro periplo y así se lo indico a Puri que se encuentra junto a la moto observando la carretera por la que hemos de bajar.
Nos ponemos en movimiento por la inclinada pendiente, hay que ir atento, se suceden las curvas cerradas que hay que tomar con sumo cuidado. Según vamos bajando notamos el aumento de temperatura que cada vez se hace más molesto bajo las prendas moteras, entre tanto la señora me hace notar los pueblos origen de los apellidos que conocemos, como Dobarganes, Vejo, etc., vamos pasando poblaciones, Bores, La Vega (Liebana), Naroba, Valmeo y al final Potes, ya teníamos ganas de llegar.
En lo que aparcamos la moto vemos un termómetro que marca 31º C ¡al fin! nos podemos quitar el casco, los guantes, abrir la cremallera de la chaqueta y aligerar un poco el calor, con esa misma idea de refrescar un poco nos dirigimos con indisimulada premura a tomar una cerveza.
Un tanto repuestos con la bendita cerveza, paseamos por la Villa disfrutando de sus intrincadas calles, hacemos alguna compra y nos planteamos seguir nuestro camino.
Nos ponemos en marcha y observando los cerezos cargados de sus frutos rojos, salimos de Potes, nos cruzamos con unos moteros, intercambiamos saludos cuando penetramos en el desfiladero de la Hermida, las curvas se suceden entre las rocas y el río Deva, hasta llegar al pueblo de La Hermida desde donde tomamos el cruce para Puentenansa.
Abandonamos la Hermida, con un calor agotador, pensando en el camino hasta el alto, que se hace como una la pared imposible de vencer.
Ruge nuestra Marauder, esforzando su corazón de hierro, salvando curvas de más 180º, por la escarpada y angosta carretera, tratando de salvar el desnivel hasta la Collada de Hoz.
Llegados a la cumbre comenzamos a notar el aire más fresco que nos viene del Cantábrico aportando un merecido respiro a nuestros cuerpos y al trabajo que viene haciendo nuestra moto.
Decidimos parar un rato, despojarnos de nuestro equipo para mitigar la temperatura y darnos un respiro en el viaje. Entre tanto la señora aprovecha para probar el queso que ha comprado en Potes, esta aprendiz de ratón se empeñará en que no llegue a casa.
El cansancio de los kilómetros andados y el calor, nos van haciendo mella y cada vez cuesta más subir a la moto, pero puestos en marcha seguimos disfrutando de la bajada y del paisaje, aunque el acompañante a la mínima se refugia el al primera sombra que encuentra.
Nos damos ánimos, sabemos que Puentenansa está nunca mejor dicho a la vuelta de la esquina.
Ya lo tenemos a la vista.
Aquí está, contemplamos al fondo Carmona y la carretera que nos llevará a Cabuérniga, por lo que nos disponemos a devorar los kilómetros que nos quedan hasta el lugar.
Penetramos en el pueblo, pasamos el cruce para Pesues y las Cuevas del Soplao y vamos recorriendo el trayecto hacia Carmona, que siempre que lo hago me trae recuerdos de la caída que sufrí de la moto, en la que además de algunas contusiones, de las que todavía guardo recuerdo, me fracturé la falanje del dedo gordo del pie izquierdo. Para malos recuerdos lo mejor es retorcer el acelerador y comenzar la subida al Ribero, pasamos el mirador desde donde se puede observar al fondo Puentenansa y las montañas que hemos superado en nuestro viaje.
Continuamos la subida al alto de la Collada, llegados a este, nos deslizamos carretera abajo, hasta el valle de Cabuerniga.
Continuamos el viaje para andar los aproximados 40 kilómetros que nos separan de Reinosa, vamos dejando atras las poblaciones tan conocidas, Teran, Selores, Renedo, Fresneda, pasamos el cruce para Correpoco y Barcena Mayor, por último Saja y atacamos con alegría la subida hacia el alto de Palombera.
Paro para hacer una fotografía a un haya que me llama la atención.
Este árbol con esa rama retorcida ha tenido que sufrir algún percance que no alcanzo a imaginar, en fin habrá sido por la acción de la naturaleza o por la mano del hombre, en todo caso el lo sabrá pero no me lo va a decir.
La magia del bosque trasmite su sosiego y nos invita a permanecer entre sus árboles centenarios, pero la realidad se impone y lo mejor será continuar antes de que la niebla quiera hacer su presencia por los altos y además de dificultar el pilotaje, nos acarree una buena caladura o nos impida ver algunos de los numerosos excrementos vacunos que ayuden a dar con nuestros cuerpos en el asfalto.
La pasajera espera sonriente junto a la moto, así que arrancamos y vamos a terminar de subir el puerto.
Una vez superado el alto de Palombera, damos vista al valle de Campoo, llenamos la vista con su encanto, hacemos una rápida bajada, nos introducimos en el pueblo de Soto, y llegados a la rotonda de Espinilla, ponemos rumbo a casa, dejamos descansar la Marauder en el garaje hasta la próxima ocasión y un tanto fatigados pero contentos, damos por finalizado este viaje.